Riku – Capítulo 100: Riku, El Ala Derecha

 

Traducido por Kiara

Editado por Nelea


Pateando el suelo, Riku avanzó sin vacilaciones. Es decir, ella avanzó al revés.

Ella dio la espalda al ataúd y corrió hacia la dirección opuesta. Con el atado del verdadero nombre, diciéndole que siguiera adelante, corrió hacia Leivein con la velocidad de una flecha, empujando con tanta fuerza que la haría gritar en agonía. Seguir leyendo

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Riku – Capítulo 99: ¡Hacia Adelante!

Traducido por Kiara

Editado por Nelea


—Riku Barusak, ¿por qué has venido?

Por alguna extraña razón, Riku sintió una sensación de déjà vu en el momento en que oyó la voz de Leivein.

Tenía la impresión de que Gortoberuk le había hecho la misma pregunta hace un año, en esa situación desesperada cuando acababa de perder su brazo derecho; de la misma manera que Leivein ha perdido la suya ahora. Seguir leyendo

Riku – Capítulo 97: La Obstinación del Antiguo General


Tengo que huir.

Eso le dijeron sus instintos. Una línea de sudor corría por su frente.

Mientras mantenía los ojos en Gortoberuk, confirmó dónde estaba su caballo con el borde de su vista. El caballo estaba completamente destrozado. Probablemente se debió al impacto que recibió del mazo. Aquellos vigorosos ojos de hace unos momentos quedaron en blanco y la espuma salía de su boca. Fuera lo que fuese, era imposible que de repente se levantara o saltara. Seguir leyendo

Riku – Capítulo 96: El asalto


Hasta qué punto estaba predeterminado el destino.

Creer en uno mismo y seguir adelante imprudentemente. Sin apartar la mirada ni alejarse de su viaje, ella había sido absorbida por balancear la espada.

Sin embargo, a veces… Por ejemplo, en los momentos en que ella miraba a la luna, existían esos momentos en los que ella terminaría preguntándose si estaba caminando en un sendero que fue diseñado por alguien más. Tal vez esto era lo que se llamaría como el futuro predestinado. Seguir leyendo

Riku – Capítulo 91: Tiempo de Juego


Mientras tanto, el ejército del Lord Demonio estaba marchando. Aunque se movían lentamente, ciertamente se dirigían hacia la ubicación del sello. Irían a través de bosques y valles a los que la gente no iría y marcharían por la carretera principal por la noche. Aunque llevaría tiempo, decidieron adoptar una postura segura para que no fueran detectados por los espiritistas.

En medio de los caballeros y de los soldados de infantería que componen el ejército, había un solo carruaje pequeño. El paño llano que cubría el carruaje revoloteaba con el viento, y en esos momentos, un rostro apareció espiando desde las barras de hierro. En el carruaje estaba la figura de un joven presionando su rostro por las barras de hierro. Seguir leyendo