Tensei Oujo – Capítulo 46: La Impaciencia de la Princesa Reencarnada

Traducido por Raine

Editado por Sakuya


— ¿…teza Real? ¿Ha ocurrido algo?

— ¡!

El carruaje emitió un sonido fuerte cuando arrolló algo, como si la rueda hubiera golpeado una roca.

La gran sacudida resultante me devolvió a mis sentidos.

Frente a mí, estaba Sir Leonhard, con la cara nublada por la preocupación. Debió haberse preocupado por mí, distraída como estaba.

—Yo…yo estoy bien —tartamudeé.

Cuando lentamente me di cuenta de lo que estaba pasando, mi cara comenzó a arder.

Soy una persona terrible. Él era importante y, todavía, después de que le mostré mi cara en blanco, no podía creer que lo hubiera ignorado todo el tiempo.

Sintiéndome avergonzada y culpable, me disculpé rápidamente, pero su expresión no desapareció. Sir Leonhard continuó mirándome con las cejas arrugadas y los labios fruncidos.

Un incómodo silencio cayó en el carruaje.

Querías hablar con Sir Leonhard, por lo que egoístamente le suplicaste que te acompañara a la residencia del Maestro Julius.

¿Qué diablos estás haciendo, Rosemarie?

Sintiéndome avergonzada, mis ojos continuaron desanimados, hasta que una gran mano se extendió ante ellos.

Inadvertidamente, me incliné hacia atrás.

No pensé que me golpearía ni nada por el estilo. Sólo estaba sorprendida y actué por reflejo.

Pero sin explicárselo, ¿él lo entendería? Su mano extendida se detuvo dónde estaba. Cuando levanté la vista y lo miré a los ojos, Sir Leonhard tenía una expresión preocupada.

¡¡Lo hice de nuevo!!

No tenía idea de por qué Sir Leonhard estaba tratando de tocar mi cabeza, pero eso no cambiaba el hecho de que lo había rechazado.

Me ha malentendido, es sólo que usted me ha tomado por sorpresa.

Quería explicarlo, pero no podía expresarlo con palabras.

Sir Leonhard me observó mientras yo murmuraba, vacilante.

—Princesa, ¿puedo tocarte? —preguntó lentamente.

¿Tocarme? ¿Qué quiso decir?

Mi cabeza se movió rígidamente mientras asentía, tartamudeando enormemente todo el tiempo.

—Uh, um, ah, sí.

Su mano apartó mi flequillo, y su palma suavemente entró en contacto con mi frente, como si intentara no asustarme. Con el toque de su fuerte mano, toda mi consciencia voló, e incluso mis pensamientos se congelaron.

— ¡¿?!

Contuve la respiración. En comparación conmigo, él no parecía ni siquiera un poco perturbado.

Aunque no por mucho tiempo, finalmente pude vislumbrar su hermoso rostro, el cual había estado bien escondido bajo el ceño fruncido que había estado portando hasta ahora.

Él soltó un suspiro de alivio y levantó su mano de mi cara.

—No hay fiebre.

Sus ojos se suavizaron, perdiendo su severidad.

Siendo totalmente golpeada por el estallido de su amable sonrisa a quemarropa, puso a mi cerebro en niveles casi peligrosos de confusión.

Mi cara ardió aún más caliente que antes.

Mi cerebro dejó de funcionar, pero mi corazón estaba sobrecargado.

—Eh, ah, sí —le respondí chillonamente.

¿Quién responde con “sí”?

—Por favor, avíseme si le duele alguna parte.

—Sí.

—O si se siente incómoda.

—Sí.

—Entonces, ¿hay algo que le moleste?

—Sí… ¡Oh!

[Traducido por Reino de Kovel]

Intenté contener mi corazón martilleante, contando dentro de mi cabeza y asintiendo cada vez sin pensarlo. Ni siquiera era una pregunta difícil, pero caí en la trampa — tomé el anzuelo, él jaló la línea y terminé hundida —y todo con una mirada culpable.

Una mirada cautelosa hacia Sir Leonhard me reveló su amplia sonrisa. Era de un tipo diferente de los anteriores, y sabía que ninguna excusa me salvaría.

—Embotellar todo dentro es un mal hábito tuyo. Como tu asesor, me disgusta de alguna manera, pero puede haber algo que pueda hacer para ayudar si compartes tus problemas, ¿no?

Ahh, Sir Leonhard hablando casualmente es muy atractivo.

Ya fuera que estuviera escapando de la realidad o simplemente que fuera fiel a mi intuición, a pesar de mis pensamientos inapropiados, asentí levemente.

Pero, ¿por dónde debería comenzar?

Brevemente, volví a mirarlo y él inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado, como si me estuviera alentando. La vista era como una flecha hacia el corazón.

Para calmarme, aparté ligeramente mis ojos.

—Hablé con mi padre recientemente… —comencé.

Sus ojos se abrieron de par en par.

— ¿Te reuniste con Su Majestad el Rey?

—Sí. Y tal vez debería mencionar que fue la cuarta vez.

—No puedo decir si estás tirando tu precaución al aire, o si estás demostrando la determinación y la habilidad de actuar en entornos inusuales —dijo, conteniendo tanto conmoción como admiración en su suspiro.

No podía aceptar su alabanza con mi conciencia tranquila.

Aunque al principio tengo miedo, las lecciones aprendidas se olvidan rápidamente una vez que pasa la tormenta. Soy el tipo de tonta cuyos errores vuelven para morderla dolorosamente.

—La primera vez, estaba tan nerviosa que pensé que vomitaría; pero a partir de la segunda visita en adelante, me encontré acostumbrándome de alguna manera. —murmuré en voz baja.

Las palabras sonaron como una excusa, y la expresión de Sir Leonhard se volvió aún más dudosa.

Intentó parecer severo, pero falló y se frotó la mandíbula.

—Estoy preocupado. No sé si debería enojarme por tu falta de cautela o alabarte por ser tan distinguida.

—Deberías estar enojado…

O, mejor dicho, huiré si me alabas. Miré hacia abajo.

Una sonrisa amarga flotaba en el rostro de Sir Leonhard mientras me evaluaba. Como si hubiera tomado una decisión después de reflexionar, continuó sin regañarme:

— ¿Y entonces qué pasó?

—De hecho…

Con la cabeza aún agachada, comencé a contarle cómo me dieron la oportunidad de leer libros sobre el Señor Oscuro, pero como estaban escritos en una escritura antigua, no pude leerlos muy bien, así que decidí que tendría que visitar varias veces.

Cómo me llegué a sentir demasiado cómoda conmigo misma y dejé que mi mente divagara, casi trayendo la ira de padre sobre mi cabeza.

Cómo me llamó “tonta” directamente en mi cara.

Cómo cambió el flujo de la conversación; conmigo, aparentemente, consultando a padre por consejo.

Y, porque tomé el cebo en lugar de ignorarlo, el cómo resultó en un acalorado intercambio entre nosotros que finalizó en mí, de alguna manera, marcándome como un blanco.

Hablar de cada momento en detalle resultó ser una forma de auto-tormento: nadie quiere hablar de sus propios defectos. El mío estaba más allá de lo remediable.

A propósito, todavía no he mencionado el matrimonio político.

Cuando terminé, otro silencio cayó en el carruaje.

Era incómodo y no podía soportarlo, así que reuní mi coraje y le eché un vistazo a Sir Leonhard. Con las cejas fruncidas y en silencio, su expresión era solemne.

Se parecía a la escultura de Auguste Rodin, “El pensador”.

¿Qué debería hacer? ¿No era alguien en completo estado de shock?

♥ ❤ ♥

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